miércoles, 5 de marzo de 2014

SIMPATÍA POR KING KONG, de Ibsen Martínez


Del mambo al Caracazo

Curioso título el de la tercera novela de Ibsen Martínez, la cual, según considera el propio autor, es la mejor de las que ha escrito hasta ahora. Muy breve y amena, de fácil lectura, consiste en una narración que trata con eficacia temas de la historia contemporánea de Venezuela tan cercanos en el tiempo como el llamado “Caracazo”, la rebelión popular ocurrida en 1989, durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, de tan trágico saldo e ingrata recordación por estos días. Es un reto que asume el autor a sabiendas de los riesgos  que conlleva el mezclar ficción con realidad, con la pretensión de ofrecer una perspectiva más acertada y profunda sobre hechos históricos recientes, gracias a los fueros de la literatura, a  la penetración  y la intuición que los artistas de la palabra poseen.

El título proviene de un préstamo que Martínez ha hecho de la famosa canción de los Rolling Stones, Simpatía por el diablo, titulando así al mambo al que nos referiremos de seguidas. El argumento se debe a los avatares de la vida del personaje que motiva la escritura de esta obra, Kiko Mendive, aquel cómico cubano que vimos por más de 20 años en Radio Caracas Televisión, y que de seguro las nuevas generaciones desconocen. La obra procede de la concreción de una obsesión del autor que lo rondó por años: un encuentro con Mendive en la plaza Miranda del centro de Caracas.  Fue allí donde Cecilio Francisco, alias Kiko, le mostró unas partituras amarillentas y le cantó el mambo, compuesto durante su adolescencia, y que entonaba junto a la pandillita de “aseres” que lo acompañaban durante las proyecciones de la película King Kong. Esto ocurrió en la Habana de los años mozos de quien en Venezuela devino en cómico de tercera categoría,  a pesar de que  había sido un cantante de cierto éxito y de que había participado en películas filmadas en los famosos estudios Churubusco. ¿Qué sucedió para que Kiko abandonara México por Venezuela para cumplir su destino de artista sin éxito ni prosperidad económica?, se pregunta el narrador, a la vez que escucha hipotéticas explicaciones por parte de algunos personajes de la novela.   

De tal manera que el desarrollo argumental de la obra comienza con la anécdota que es uno de sus recurrentes mitemas: lo que llaman la leyenda del “esquinazo”.  Según ésta, fue Kiko, cuando ya tenía cierto reconocimiento en México,  quien introdujo a Dámaso Pérez Prado en el medio artístico de ese país. Ambos acordaron grabar un tema propuesto por Kiko (éste palabreó los músicos, la posibilidad de grabar, etc.). Sin embargo, antes de llevar a cabo el proyecto, Mendive se ausenta de México debido a una gira musical. Estando fuera de ese país, oye por la radio unas notas que reconoció en el acto: su “asere” se le había adelantado  grabando el tema sin contar con él. Fue así como Pérez Prado se convierte en el Rey del Mambo y Kiko Mendive en el cómico de tercera que tantas veces vimos por RCTV en Venezuela.  Pero se trata de una leyenda al fin y al cabo, puesto que también se incluye la otra versión, el mentado “esquinazo” bien pudo ser un invento de Kiko para darse importancia.

La historia del infortunado artista continúa su curso dentro de la novela entretejida con los acontecimientos histórico- sociales de la Venezuela de finales de los ochenta: estalla el “Caracazo”, lo que compromete al personaje narrador, puesto que es periodista y trabaja en un noticiario televisivo. Debido a eso debe reportar lo acontecido. En contacto con Consuelo, una doctora que en un hospital abarrotado de heridos por armas de guerra o muertos sin remedio alguno, le pide que denuncie lo que ve y ella le hace conocer de primera mano. Sin embargo, Rául, el personaje narrador, le teme a la censura, de modo que promete hacer un reportaje que sólo cumple parcialmente; con lo que la novela deja sentado lo mucho que no se dijo, lo mucho que no se supo sobre lo acontecido.

Esta novela presenta, además,  una trampa al lector amparada por los fueros de la ficción: Raúl se encuentra en el hospital porque allí agoniza Kiko Mendive, quien fallece por un proyectil de alto calibre que le destruye el fémur. Esto ocurre en el 23 de enero, Kiko se había unido a los saqueos que azotaron al país durante varios de esos aciagos días. Se había robado un teclado en una tienda de música, y, mientas corría con su botín, fue alcanzado por la bala mortal, algo que por cierto le ocurrió a mucha gente.

Debo confesar que caí en la trampa y creí que de veras ése había sido el deshonroso final del simpático personaje que en ocasiones vi en las pantallas de la televisión, hace unos cuantos años ya. Pues resulta que, consultando en internet para escribir estas notas, me encuentro con que el propio autor dice en una entrevista que el artista murió de mengua, pobre y desasistido en el año 2000. ¿Entonces, por qué el escritor, quien ha utilizado hechos y personas reales como punto de partida argumental de su novela, ficcionaliza hasta ese extremo el final de su personaje?

Ibsen Martínez es periodista, dramaturgo y ensayista muy ligado a la televisión  puesto que se desempeñó como guionista en ese medio. No hay que olvidar que fue el autor de la famosísima telenovela Por estas calles, que se mantuvo en el aire por dos años con gran éxito de audiencia. Su relación con el medio televisivo pareciera ser de amor/odio, de contacto y retiro, como si de una relación no satisfactoria se tratara, según podemos deducir de lo declarado en alguna entrevista. ¿Será el trato nada generoso que RCTV tenía para con los artistas lo que lo impulsó a imaginar el trágico y degradante final para Kiko Mendive? Sabemos que la verdad de la narrativa  ficcional tiene que ver más con la verosimilitud de lo que se narra que con la verificación de los hechos relatados, contrastados con la realidad de lo sucedido. Entonces, ¿qué nos quiere decir el autor con este pasaje de su novela?  

Transcribo algunos fragmentos para que el lector saque sus propias conclusiones. Cuando Raúl recibe información sobre el grave estado de su amigo, la doctora le pregunta: “El canal no tendrá seguro para sus artistas? Aquí no lo podemos atender como se debe”. De seguidas acota el narrador: “Kiko Malanga llevaba casi treinta años haciendo de cómico destajista sin ver jamás un bono especial de fin de año. Si dejaba de aparecer en el show de los lunes a las ocho, indefectiblemente a fin de mes le deducían del cheque un día de salario”.  Más adelante, muerto el personaje, podemos leer:

“Enterramos a Kiko el impecune en el Cementerio General del Sur, en una parcela cercana a la ladera donde pocos días más tarde se abriría una fosa común para los ametrallados del Caracazo y las víctimas de las ejecuciones  extrajudiciales, los ajustes de cuentas y el fuego cruzado entre bandas de malandros que cundieron en toda la ciudad al amparo del estado de excepción.
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Kiko había actuado en el show de los lunes a las ocho como caricato destajista durante venticinco años, sin contrato ni beneficios sociales, y su gente no tenía dinero ni siquiera para el ataúd; ¿no podría el canal asumir los gastos funerarios? Pero el ejecutivo sólo estaba autorizado a pagar una corona de flores”.


Así que aquí encuentro la explicación de ese giro de la imaginación: Kiko Mendive, y como él, de seguro,  tantos artistas, fue utilizado por un canal de televisión por años sin la menor atención a los beneficios laborales de los que debería disfrutar.  Es eso lo que Martínez condena en su novela, según mi parecer. Por ello se inventa un final tan denigrante para su personaje, el  impacto obviamente es mucho mayor. Mientras leía tales pasajes, recordaba el revuelo ocurrido en el país cuando se le venció la concesión a la mencionada televisora (de esto también se hace breve mención en la novela); los reclamos de los artistas, sobre todo, porque quedarían cesantes; de sus  demandas a favor de la “casa” que tanto amaban. Me llegué a sentir poco solidaria porque nunca pude identificarme con tales protestas, se trataba de un canal que casi no sintonizaba desde hacía ya bastante tiempo por su mala programación, la peor entre las tres principales televisoras privadas del país. Desperdiciar un medio tan costoso transmitiendo pésimas telenovelas (ojo: no tengo nada contra ellas, me encantan algunas brasileñas y chilenas), en series enlatadas de baja calidad y  películas diez mil veces proyectadas, me parecía el colmo. Desperdiciar un medio tan poderoso en un país que necesita tanta educación me resultaba imperdonable. Esto hasta que oí a Federico Vegas en Mérida, durante la feria del libro de la Universidad de Los Andes. El escritor presentaba su magnífico libro La ciudad y el deseo, y al referirse al tema afirmó que no estaba de acuerdo con el cierre del canal porque debería de garantizarse hasta la libertad de ser mediocre. Me reí para mis adentros y coincidí con él.

Volviendo a Simpatía por King Kong, las citas anteriores demuestran también las críticas a lo ocurrido durante el “Caracazo”. Tampoco  pierde el autor la oportunidad de ironizar sobre los balances que los políticos exponían en televisión, sobre los análisis risibles que hacían acerca del “estallido social”.  Igualmente aprovecha para caricaturizar al presidente del momento al que no menciona por su nombre llamándolo el “NumberOne” y que calificó como cocainómano. De tal manera que esta novela es una revisión irreverente e irónica sobre el país de ese entonces, que propicia, a mi juicio, la reflexión  sobre el país que tenemos hoy.   

Ibsen Martínez se considera a sí mismo como un escribidor inclasificable. Pienso que el canon literario venezolano no lo cuenta entre sus narradores más importantes, quizá porque sólo tiene en su haber tres novelas y a pesar de haber logrado un gran éxito de crítica y público como dramaturgo,  con su obra Humbolt y Bonpland, taxidermistas. Por mi parte me atrevo a disentir del autor, pues considero que su mejor novela es El señor Marx no está en casa (2009) porque supone un mayor esfuerzo de investigación y escritura. Aunque puede ser que me equivoque, ya que no he leído El mono aullador de los manglares (2000), cuyo título no me atrae para nada.  Habrá que cumplir con el deber de buscarla y leerla para salir de dudas.

Quiero cerrar citando un amplio fragmento de la novela. Luego de varios días de saqueos durante el “Caracazo”, el narrador sale a la calle con un amigo, conduce por la avenida México y observa:

“-Chico, fíjate que no hay ni una sola pinta en las paredes.

La ausencia de grafitis y de siglas al pie de estos le hacía pensar que detrás de los motines callejeros en las ciudades-dormitorio y los saqueos en la capital no había ninguna organización subversiva. Se burló entonces de las señoronas del Country Club, las mismas que tres semanas atrás se arrancaban entre sí los moños por estrechar en alguna recepción oficial la mano de Fidel Castro –estrella entre todos los jefes de Estado invitados a la coronación de NumberOne-; las mismas que se hacían lenguas de la estatura, maneras, galantería, magnetismo personal y de lo bien que le sentaban los trajes formales al Comandante, eran ahora quienes murmuraban que los saqueos no podían ser sino obra de agentes encubiertos del G2 cubano, colados en la nutrida comitiva de Castro y sembrados en Caracas; que había sido una imprudencia de NumberOne invitar a semejante tipo a su toma de posesión”.

Cualquier posible analogía con lo que ha acontecido en la hora actual es pura casualidad.

Ibsen Martínez (2013). Simpatía por King Kong. Caracas: Planeta, p.166.

(Nota: mi buena y desmemoriada tía (tiene 90 años) repite lo que  por ahí anda en boca de mucha gente: “éramos felices y no lo sabíamos”.  Después de leer esta novela me sigo preguntado ¿cuándo es que hemos sido felices, que no me acuerdo?)

(Kiko Mendive en algunas de sus facetas, siempre sonriente)

miércoles, 26 de febrero de 2014

LA RIDÍCULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE, de Rosa Montero


Rosa Montero y Marie Curie: una relación de espejo

La vocación literaria de Rosa Montero es palpable si consideramos el número de libros publicados y los premios recibidos en lo que lleva de vida. Periodista reconocida, tiene su sitial bien ganado dentro de la literatura española de ficción, dado que ha publicado unas diez novelas, un libro de relatos, una serie de cuentos para niños, entre muchos otros textos. Debo confesar que la Rosa Montero novelista no me ha terminado de convencer y eso que tiene en su haber novelas tan renombradas como Te trataré como a  una reina (1983) y Bella y oscura (1993).  Prefiero a la Rosa Montero periodista, pues sus crónicas, ácidas muchas de ellas y acertadamente críticas, me cautivaban cada vez que podía leerlas en el diario El País de Madrid, así como las publicadas en un libro de bolsillo que alguna vez cayó en  mis manos.
Dicho lo anterior tengo que salvar de mi desapego hacia sus novelas a La loca de la casa (2003), dos veces premiada, quizá por lo que tiene de autoficción, lo que la conecta con la realidad y la vida de la autora, aunque sea tras los velos de la imaginación. Pero no es a esta obra a la que quiero referirme aquí —lo haré en otra ocasión— sino a su, hasta ahora, última publicación: La ridícula idea de no volver a verte (2013). Se trata de un libro realmente delicioso que me ha atrapado desde la primera página, obligándome a leerlo de un tirón. La autora ha declarado en entrevistas televisadas que es un libro escrito así mismo, de un tirón, disfrutándolo de principio a fin, lo que no solía sucederle con otras obras, que siempre la habían sometido a tener que “aguantar las tediosas larguísimas sentadas que ese trabajo implica”.

Ante tal declaración la primera pregunta que se nos viene a la mente es por qué fue tan fluida y diferente la escritura de este libro. La autora, al hablar del mismo, lo considera inclasificable desde el punto de vista del género al que pertenece, pues mezcla la biografía de Marie Curie con la vida de la escritora, con sus reflexiones sobre la existencia, el amor, la muerte, el papel de las mujeres en la sociedad a lo largo  de la historia, entre otros variados tópicos.  Junto a todo esto se incluyen fotografías acertada o maliciosamente comentadas por Montero, las cuales le conceden ese toque especial de verosimilitud que tanto sacia el morbo de lectores que, como yo, nos encanta asomarnos a la vidas ajenas o, mejor dicho, a las de seres excepcionales como esa extraordinaria mujer que fue Marie Curie y, en la escala que le corresponde, como la propia Rosa Montero.    

Vale decir, que se trata de una bio/autobiografía, mezclada con el ensayo, muchas veces filosófico, por lo que tiene de reflexión sobre la vida, la muerte y el amor, como ya he comentado. Digo esto (aunque la autora rechace expresamente el contenido autobiográfico de sus obras) debido a ese prejuicio de muchos escritores que los impulsa a desvalorizar los libros de memorias, o por lo menos a no reconocerlos como tales. Compuesto por dieciséis apartes o breves capítulos, una página de agradecimientos y un índice de hashtags, culmina incluyendo el breve diario que Marie Curie escribió durante doce meses para drenar el dolor por la muerte de Pierre, su marido, quien fue arrollado por un coche de caballos cuando apenas contaba cuarenta y siete años. Es decir, un libro de doble valor, un notable dos por uno.

Y es ese diario el responsable de que La ridícula idea de no volver a verte se haya escrito. Seix Barral le pide a Rosa que escriba un prólogo para una futura edición del mencionado diario. Es así como la escritora queda subyugada por el personaje y decide “contar su historia a mi manera”, “usar su vida como vara de medir para entender la mía”. Y así comienza esa relación de espejo que en su decurso nos va maravillando con la narración de la excepcional vida de Madame Curie y, a su vez, con el duelo de Rosa quien había perdido al que fuera su compañero durante veintiún años por un cáncer implacable, así como con el notable conocimiento que ella demuestra sobre la vida y el ser humano. Es un libro sobre la muerte, sobre el duelo, sí, pero también sobre el heroísmo de vivir con una vocación por el conocimiento, por el saber, por la investigación, por el afán desinteresado de dejar un legado a la humanidad y, claro está, por la pasión de la escritura.

Desde las primeras páginas Marie nos es mostrada como seguramente fue: “un personaje anómalo y romántico que parece más grande que la vida”. “Una mujer nueva. Una guerrera. Una #Mutante”. Ganó el premio Nobel dos veces, lo que sólo han obtenido otras tres personas. Sus logros fueron alcanzados en tiempos en que a las mujeres les estaban permitidas muy pocas cosas. Hasta 2011, puntualiza Montero, 786 hombres y sólo 44 mujeres han sido distinguidas con el premio, la mayoría con el de la Paz o la Literatura. Y es que las  mujeres científicas han figurado poco y a no pocas les han robado el premio. Entre ellas son mencionadas Lise Meitner (1878-1968), quien participó en el descubrimiento de la fisión nuclear y nunca se le reconoció;  Rosalind Franklin, quien descubrió los fundamentos de la estructura molecular del ADN, a quien un compañero de trabajo le robó sus notas. Cuatro años después de su muerte por cáncer de ovario, probablemente por exposición a los Rayos X, el premio de medicina se le concedió a tres científicos entre los que se hallaba el que la robó; Jocelyn Bell, que descubrió los púlsares y no se le reconoció pues el Nobel de 1974 se lo dieron a su supervisor; y  Henrietta Swan Leavitt, brillante e ignorada astrónoma.  Montero incluye una cita del libro Por amor a la física, de Walter Lewin, quien concluye al respecto: “Este tipo de cosas ha pasado tan a menudo en la historia de la ciencia que el hecho de minimizar el talento, la inteligencia y la contribución de la mujeres científicas debería considerarse un error sistémico”.   

Así que Marie Curie fue la primera mujer en recibir el Nobel y la única en recibir dos,  la primera en licenciarse en Ciencias en La Sorbona, en doctorarse en Ciencias en Francia, en tener una cátedra…”Una pionera absoluta”. También la primera en ser enterrada por sus méritos en el Panteón de los Hombres Ilustres de París. Aunque, comenta Montero con ironía, todavía sigue llamándose Panteón de los Hombres Ilustres, lo que le demuestra que las desigualdades no han sido superadas del todo en la sociedad actual. Estos análisis acerca del lugar de las mujeres en la sociedad, acerca de las relaciones afectivas y de la forma de amar diferente de hombres y mujeres, entre otros temas,  son realizados desde la perspectiva de género.

Es este otro de los aciertos del libro, una tribuna de denuncia de lo padecido por las mujeres en el pasado, y que se extiende al presente aunque cueste creerlo. Todo ello a propósito de la vida de Madame Curie, del cúmulo de dificultades que pasó para poder estudiar, para ganarse el respeto como investigadora en un mundo de hombres, para ganar una cátedra en la Universidad, hasta para volver a amar luego de enviudar. Una guerrera en todos los frentes, de un carácter tenaz y apasionado, aunque frío en apariencia. Se trata, entonces, de una exposición en contrapunteo, una relación espejeante con la propia vida de Montero, pues ella también  tuvo que luchar en su juventud para ser respetada como individuo pensante, y, como Curie, padeció un triste duelo por la muerte prematura de Pablo, su esposo.

Un detalle a destacar es la presencia expresa del narratario en la enunciación del discurso. La autora se dirige con frecuencia a los lectores, con la confianza de una conversación. Aunque  se dirige a un tú o a un ustedes sin discriminar con respecto al  sexo de su destinatario, se me antoja que es un discurso que pareciera estar comprometido mayormente con la mujer, como si el espejo de papel y tinta también reflejara a quien se asoma a estas páginas. La identificación de la lectora con lo que se narra parece ser objetivo consciente de la escritora, quizá por eso nos resulta un libro tan delicioso, tan conmovedor.

Y, para cerrar con broche de oro, valga el lugar común, un breve comentario sobre las páginas finales del libro, constituidas por el brevísimo diario que Marie escribió luego de la trágica muerte de Pierre Curie, de una de cuyas frases proviene el título del mismo. Dirigido a su amado esposo, como si de una carta se tratase, esta notable  mujer, tan estoica, tan seria y adusta, según la vemos en sus fotografías, demuestra su verdadera naturaleza intensa y amante. Sin pudor alguno deja salir todo su dolor por la pérdida de ese gran amor, de ese ser humano tan especial que fue su marido. Resultan unas páginas altamente emotivas, toda una lección sobre lo que significa la inmensidad de la soledad y el vacío luego de la pérdida de un ser querido, así como de la lucha valiente de la que ha padecido tal pérdida, quien a pesar del desaliento y la desesperación no desestima la posibilidad de recuperar las ganas de vivir.

De modo que no encuentro mejor manera de culminar estas notas que recomendar la lectura de este libro, ya que nos revive la vida ejemplar de una mujer cuyo amor a la ciencia, así como al compromiso de dejar un legado a la humanidad, la llevó hasta el sacrificio. No olvidemos que murió prematuramente contaminada por las radiaciones a las que  sus investigaciones la expusieron. Y, junto a ello, es necesario destacarlo, no son menos interesantes los comentarios acertados, sabios y no menos conmovedores de esa dotada escritora como lo es Rosa Montero.   

Rosa Montero (2013). La ridícula idea de no volver a verte. Barcelona: Seix Barral, p.237.

martes, 25 de febrero de 2014

CINCO LIBROS, MUY BUEN PRECIO

No fui a buscarlos. Sólo fue una ronda de rutina. Ver qué hay por ahí. No hace falta buscar mucho. Es tanto lo que no he leído que es fácil hallar títulos por doquier. Aquí les dejo varios títulos que he conseguido a muy buen precio en Nacho. A pesar de que me siento incómodo haciendo la publicidad, debo decir que siempre se consiguen buenas ofertas en esa tienda. Claro, si el lector busca “calidad y no sólo novedad”, como le comenté a una amiga en una de sus publicaciones.

Los comentarios publicados aquí no son de mi autoría. Se trata de las sinopsis en las contracubiertas de los libros. Los compré hoy, y sólo tuve oportunidad de leer uno. Pero, no quería dejar pasar la oportunidad de compartir con ustedes este hallazgo, por si se animan a ir a buscar en estas librerías a ver si consiguen algo que les guste. Al final, les adjunto el recibo de compra, para que puedan constatar la ganga (¡vaya palabra!). Espero más adelante publicar algún comentario sobre estas obras.  


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J. M. Coetzee - Desgracia
DESGRACIA
J. M. COETZEE
Random House Mondadori (DeBolsillo), 2009. Colombia

A los cincuenta y dos años, el profesor David Lurie tiene poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración. Cuando se destapa su relación con una alumna, David, en un acto de soberbia, preferirá renunciar a su puesto antes que disculparse en público. Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy. Allí, David verá hacerse añicos todas sus creencias en una tarde de violencia implacable. Desgracia, que obtuvo el prestigioso premio Booker, es una historia profunda y extraordinaria que no dejará indiferente al lector.
«Las novelas luminosas y desconcertantes de J. M. Coetzee revelan que la verdad es siempre extranjera.» Javier Marías

[Es necesario que agregue sobre este libro que la portada es el poster promocional de la película basada en la novela, dirigida por Steve Jacobs, en 2007, y protagonizada por John Malkovich. Vi esa película apenas el año pasado, seis años después de su lanzamiento. Los críticos de Rotten Tomatoes le dan 89 % de su aceptación, mientras que los usuarios del sitio web dan 62 %. Yo estoy de acuerdo con los críticos.] 


 NO SÉ SI HE SIDO CLARO Y OTROS CUENTOS
R. FONTANARROSA
Ediciones de la Flor, 2004. Buenos Aires

Roberto Fontanarrosa nació en Rosario, Argentina, en 1944. Ha publicado hasta el momento Best Seller, El Área 18 y La Gansada (novelas), El mayor de mis defectos, el mundo ha vivido equivocado, La Mesa de los Galanes, Los trenes matan a los autos, Nada del otro mundo, Puro fútbol, Te digo más…, Una lección de vida, Uno nunca sabe y Usted no me lo va a creer (cuentos). En materia de humor gráfico, a las series de sus personajes Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso se suman, entre otros, El fútbol es sagrado, Fontanarrosa de penal, Los clásicos según Fontanarrosa, El segundo sexo de Fontanarrosa, Fontanarrosa y los médicos, Fontanarrosa y la pareja, Fontanarrosa y la política, Fontanarrosa contra la cultura, Fontanarrosa es Mundial, Fontanarrosa y el fútbol, 20 años con Inodoro Pereyra y Todo Boogie.



VIVA EL SILENCIO
JUAN JOSÉ MILLÁS
H Kliczkowski (mini letras), 2006. España

Este es el segundo libro de Juan José Millás que publicamos en esta colección. Sin duda los lectores lo celebrarán, como lo han hecho con el primero. La pasión por el absurdo y la fantasía todopoderosa son el material intrínseco de estos mini relatos, y el humor y la ironía su instrumentos más eficaz. Como un agudo observador de la realidad-irrealidad, Juan José Millás aborda todo tipo de anécdotas domésticas, políticas o culturales, planteando mediante fábulas o textos fantásticos una crítica ética que nos ayuda a comprender mejor nuestro mundo interior.




UNA NOCHE DE AMOR
JAVIER MARÍAS
H Kliczkowski (mini letras), 2006. España


Una noche de amor nos presenta cuatro de los relatos más elogiados de Javier Marías. Cuentos brillantes que mezclan la realidad con el misterio. Historias excepcionales y protagonistas insólitos: desconocidos que comparten confidencias, difuntos, amantes, personajes que luchan por diferenciarse de sus dobles, nos sorprenderán y atraparán.










SOBRE HOMBRES Y DAMAS,
ARTURO PÉREZ-REVERTE
H Kliczkowski (mini letras), 2006. España

“El público siempre espera con interés la llegada de un nuevo  libro de Arturo Pérez-Reverte. Es uno de los autores más leídos y traducidos de la literatura española contemporánea.
En este libro les ofrecemos una selección de sus escritos periodísticos, donde destaca su lúcida y aguda visión acerca de la condición humana. Los temas que aborda pueden ser desopilantes, melancólicos, mordaces o irónicos, pero resultan siempre interesantes y los recursos literarios sorprendentes.
A pesar de la variedad del material, todos tienen un denominador común: su inteligencia, su calidad narrativa y su ternura.
A lo largo de estas páginas, el lector, para su deleite, hallará formas distintas de verse a sí mismo, expuestas de manera ágil, divertida y desprejuiciada"



(La prueba de la ganga)

viernes, 14 de febrero de 2014

EL GENERAL DE LA ROVERE (y otros héroes), de Indro Montanelli (y Parte III)

Hasta este punto he considerado la parte del libro que corresponde a El general de la Róvere. Ahora me gustaría hablar de los …Otros héroes. Claro, no sin antes aclarar que harían falta muchas páginas para tratar con la atención adecuada los demás personajes de la parte inicial de las historias. El propio coronel Müeller, presente en el “drama” de Giovanni Bertone De la Róvere, es una figura a la que bien valdría la pena dedicar unas cuantas palabras, pero para no extenderme más, creo decir mucho y nada, apuntando que es el antecesor más directo que he conseguido en la literatura del también coronel Hans Landa (Unglorious Basterds, de Quentin Tarantino). No por el encanto o los cambios bruscos (deliberados) de una personalidad afable a una siniestra. Más bien por la frialdad de sus cálculos, el decoro de su inhumanidad.

Ya anticipé que otras ocho semblanzas componen esta parte del libro de Montanelli. La primera de ellas es de Vittorio de Sica, el legendario director del Ladrón de bicicletas. No es un retrato condescendiente y laudatorio. Todo lo contrario. Podría pensarse que don Indro trata con más rudeza a los que sabe que por la cercanía sabrán disculparla. Y de Sica lo sabe, intuye esa falta de indulgencia en su amigo y por eso dice entre divertido y alerta ante cierta indiscreción: “Chitón [señalando a Montanelli]. Éste es capaz de escribir también esto…” Y no se equivocó.

Por supuesto que lo más resaltante de la nota no es la mordacidad. Es la profundidad con la que el autor puede ver a través de los hechos, de lo particular, para mostrar un retrato del carácter de lo humano. Lo que queda más patente de esta lectura de la personalidad de Sica es la proyección del conocimiento que tiene don Indro Montanelli de los detalles, y esa fineza lingüística (afortunada traducción) para plasmar ideas viejas con un registro que parece nuevo:
De Sica, sobre los cincuenta ya, ha engordado un poco y ha encanecido, pero ni el éxito ni los trabajos han logrado oscurecerle aquella pátina de infantil inocencia que hizo de él el actor más tiernamente amado por los espectadores y más aún por las espectadoras, lo cual es monopolio exclusivo de ciertos napolitanos y de ciertos ingleses. Un día, acaso, De Sica será antiguo; viejo, jamás (:100).

Para mí, estas palabras no dejan de tener cierta familiaridad, cierto parentesco amable con los retratos de García Márquez sobre sus amigos, y en eso sí debe tener su cuota el traductor. Como sea, lo que importa es que a partir de esta semblanza puede fijarse un rumbo que determina el tono de las demás: observaciones amistosas o sutilmente mordaces de personajes disimiles en los que se traduce una época, post Segunda Guerra Mundial, y varios caracteres forjados a la sazón.

Militares, profesores, actores y artistas en general conforman el mosaico de estos retratos escritos en los que se traslucen facetas interesantes del espíritu humano. Bien vale la pena señalar aquí que gracias a un afortunado vicio profesional, estas semblanzas están estructuradas como episodios; anécdotas divertidas o tragicómicas, de las cuales Montanelli rescata los detalles de la personalidad de sus conocidos para construir personajes (puede decirse) universales.

Y digo que es un afortunado vicio profesional porque a diferencia de la mayoría de semblanzas, en las cuales se hace un recuento de las cualidades o defectos de una persona, en los retratos de Montanelli, como buen periodista, lo que prima es el detalle de un momento, de una acción, de un episodio. Si aparecen varios hechos en la vida de un personaje, es solo para contextualizar, es decir, para informar al lector de aspectos generales de la vida del personaje, que le ayuden a comprender cabalmente sus móviles.

Cualquiera de los personajes resultaría una buena muestra de ella, por ejemplo, “Kuebler”, la semblanza de un teniente coronel ex oficial nazi, quien un buen día, aparentemente ante los cambios de planes de su fin de semana, se deja aplastar por un muro. Este personaje patético, a quien Montanelli conoce de oídas, le sirve para construir un retrato harto claro del espíritu de los oficiales de regímenes totalitarios para quienes pensar, tomar sus propias decisiones, no es una opción:
Kuebler había sido un “funcionario”, o sea un “ejecutor de órdenes” ejemplar, mientras las órdenes le habían llegado de “arriba”, de una anónima “autoridad” … Pero sobre el modo de pasar un week-end no existían órdenes … Estoy seguro de que, cuando se situó debajo de la vacilante cornisa, tuvo justamente la sensación de cumplir una orden con aquella perfecta elección de tiempo y de movimientos con las que él había cumplido siempre las órdenes. Y en sustancia no se mató, pues ello hubiera entrañado su responsabilidad; se dejó, más disciplinado y funcionarescamente, matar “desde arriba” (p.119).

Claro que hay otros episodios más amenos, cargados de esa mordaz elocuencia de Montanelli para descifrar las contradicciones de las convicciones humanas. La cual, todo hay que decirlo, está muy relacionada con la inocua misoginia de Montanelli que —¿para qué negarlo?— saca algunas risillas. Este es el caso de “Ciervo blanco”, un supuesto “nativo americano”, quien en realidad es un napolitano de cepa que se gana la vida montando un show de habilidades circenses. El caso es que el pretendido príncipe sioux es descubierto por una amiga de Montanelli, la mañana después del espectáculo, gracias a un pequeño pero definitivo detalle.
Al subir a mi habitación del hotel … [Luisa] me dijo que había visto en el salón a Ciervo Blanco, vestido igual que cuando estaba en el escenario.
-Es natural –dije-. Para él, las plumas en la cabeza son como la corbata para mí.
La señorita se rió.
-¿Crees tú? –dijo-. Ése es de tu misma raza; es italiano.
-¿Un italiano con esa piel? –protesté, indignado.
-La piel se cambia como se quiere. Lo que no se puede cambiar es la mirada con que los italianos, todos los italianos y tan sólo los italianos, acompañan a una mujer cuando pasa por delante de ellos. Y él, me ha mirado así.
Hice rápidamente un pequeño examen de conciencia y luego dije:
-Vuélvete, Luisa, y paséate delante de mí.
Luisa obedeció y controlé mis pupilas.
-¿Sólo nosotros, los italianos…? –le dije al poco.
-Sólo vosotros, los italiano –respondió Luisa con seguridad.
-¡Vamos! –dije entonces-. Pero cuando lleguemos al salón, precédeme unos diez metros.
En el salón, efectivamente, estaba Ciervo Blanco sentado en un sillón, con sus plumas, su tomawak, su calumet y un periódico en la mano. Pero cuando pasó Luisa, levantó la cabeza, y pude ver que sus pupilas seguían una trayectoria idéntica a la que poco antes siguieran las mías, yendo a detenerse en el mismo punto, rotundo y hermoso, de aquel cuerpo femenino (p.133).

Como se ve, son pequeñas historias, que por su estructura y sus recursos parecen antes cuentos que reportajes. La sorpresa del final, la intimidad de sus acciones, la especificidad del personaje, todo hace pensar en un relatos literarios, los cuales seguramente han sido enriquecidos con la imaginación de Montanelli, pero en los que prevalece el interés por dibujar (o intentar el boceto) del carácter humano, en su imperfección o en su maravilla.

No es un libro particularmente profundo ni fundamental, pero cuando se lo lee con el propósito de descifrar sus alcances, yo diría que lo que nos permite comprender El general de la Róvere (y otros héroes), de Indro Montanelli, es que los buenos libros (como las buenas películas) se construyen no con buenas historias, sino con buenos personajes. Es una verdad antigua, pero no deja de ser oportuna. Menos ahora cuando hay tanto best seller suelto. Así, cuando un nuevo escritor se presenta a un editor para decirle que tiene una buena idea para un libro, éste último debería responderle como Mallarmé: “Los buenos libros no se escriben con ideas, sino con personajes”. Y de eso, Montanelli sabe mucho, como lo demuestra este libro.

sábado, 23 de noviembre de 2013

EL GENERAL DE LA ROVERE (y otros héroes), de Indro Montanelli (Parte II)

El general De la Róvere (y otros relatos) está dividido en dos partes. La primera corresponde al relato sobre el periplo de Giovanni Bertone para terminar siendo el general De la Róvere a petición del Coronel Müller, oficial del ejército alemán encargado de neutralizar el avance de la resistencia en el Norte de Italia. La segunda, se compone de nueve semblanzas sobre personajes para quienes la postguerra es un tema común. Todo el libro es una mirada acuciosa sobre la personalidad de los personajes; un retrato estimulante sobre el carácter humano, sobre sus actos, y también sobre sus posible móviles.

Bertone, el primero de estos personajes, es un gran actor. Lo es tanto que termina convirtiéndose en el papel que interpreta. Diría Borges, el recurso no es nuevo. El valor patético que adquiere su trasmutación, tal vez sí lo es. O al menos es sinceramente patética y por eso digna de atención.

Lo conocemos originalmente como el mayor Grimaldi, y de este nombre y rango, también falsos, se aprovecha para timar a los familiares de los prisioneros de guerra. Un crimen execrable, que ganaría el desprecio automático de cualquiera. Pero, el quid de su historia es la oportunidad que le ofrece el coronel Müeller para su propia conveniencia (la del coronel): tomar el lugar, con nombre, rango y prestigio del general De la Róvere.

Decir que Bertone termina asumiendo completamente la identidad del general no es suficiente, ni preciso. Como no conocemos al general, no sabemos si las acciones de Bertone corresponden con las que el propio general realizaría. Sus compañeros de prisión tampoco lo conocen, el coronel Müeller no tuvo ocasión de entrevistarse con él; la esposa del general que se presenta ante el coronel, a riesgo de su vida, suplicando aunque sea una mirada a su esposo, es convencida de que esto le haría más mal que bien al general, así que ella tampoco logra estar ante su esposo creado por Bertone y Müeller. Más justo sería decir, entonces, que Bertone es el general.

Asume una actitud digna, estoica, y lleva el presidio y las torturas con la dignidad de un verdadero combatiente, aunque nosotros sepamos que es una actitud también fingida. Pero no deja de ser en cierto modo Bertone; no el estafador, el impostor, sino el Bertone advenedizo, el oportunista, el inocuo “granuja” que aprovechó la oportunidad de ser alguien más para “bien”. Lo vemos hablar con el coronel Müeller, ya que esa es su misión al tomar el lugar del general: servir de espía entre los prisioneros. Pero, lo que logra comunicarle son apenas evidencias inconexas, pistas que no conducen a ningún lugar. De modo que su papel de espía es, de muchas formas, sólo nominal. Nunca revela nada comprometedor.

Bien visto, Bertone es un héroe que no pretende serlo. Es tan sólo una figura que se magnifica por ser algo que bajo otras circunstancias se hubiese considerado pedante, ya que exige cada tanto un trato digno de su rango.

Pilar Cordoñer Soria, en un capítulo del libro Las órdenes militares: realidad e imaginario, dice que esa actitud no es arbitraria ni casual, sino que busca recordar a los prisioneros que a pesar de las condiciones la dignidad debe prevalecer. Algo que me hace recordar al coronel Nicholson, de El puente sobre el río Kwai: “No somos reos. Somos soldados prisioneros, y la disciplina debe mantenerse”. Es una lectura válida, sólo hay que recordar que el propósito de Bertone no es ser un ejemplo, sino el general que necesita el coronel Müeller.

No obstante, la transformación progresiva termina por convencernos de cualquier lectura redentora de Bertone: el general De la Róvere se congracia con sus compañeros de celda, italianos o no, les defiende de su draconiano carcelero, expone su integridad física por ellos. El patriotismo que despierta y enciende entre los demás prisioneros no solamente es justificable, sino comprensible. Hasta se dirige al coronel Müeller como si se tratara realmente de dos oficiales hablando de las condiciones de la prisión. (Una vez más es imposible no pensar en el coronel Nicholson y su contraparte, el comandante Saito).

Bertone es el mismo y también su reverso ideal, De la Róvere. Las acciones al final de su vida quizás no redimieran sus felonías pasadas, pero tampoco deben ignorarse que llegado el momento se comportó con dignidad, y es lo que nos informa Indro Montanelli al justificar las razones por las que decidió salvar a este personaje de la ignominia o el olvido:


Mas ¿fue verdaderamente un traidor Bertone de la Róvere? No lo sé. Sé solamente que cayó como aquellos que no lo eran. Y sé también que Jesucristo no se sintió ofendido por la vecindad de Barrabás. Como fuere, yo no me propongo juzgar a ese polivalente e inquietante personaje, quien acaso tampoco supo dónde y cómo cesó de ser un aventurero para convertirse en héroe, y cómo, una vez incorporado al drama, no sé mostró ajeno a él.

lunes, 11 de noviembre de 2013

EL GENERAL DE LA ROVERE (y otros héroes), de Indro Montanelli (Parte I)


Hace unos años, Luis Mora-Ballesteros me presentó a Indro Montanelli. El solo prólogo de Historia de Roma me persuadió de que es uno de esos escritores que uno disfruta leyendo, no importa el tema del que escriban. Tengo presente que, en muchos sentidos, leer traducciones es una rara forma de conocer el estilo de un escritor, pero supongo que hay que confiar en el criterio de los traductores, el cual, por lo general, es acertado. Digo esto a propósito de que una de las principales virtudes de los libros de Montanelli es la gran dosis de humor con que relata la historia oficial y la no tan oficial. En ello, por supuesto, al leerlo en español, tiene mucho que ver el traductor. Como sea que uno quiera lidiar con esa incierta relación con las lecturas de “segunda mano”, lo importante en este caso es que Montanelli es uno de esos personajes literarios que, al decir de Bloom, tienen una vida tanto más valiosa estéticamente que su propia obra. La cual combinada con una rica prosa y un exquisito sentido del humor dan como resultado libros de altísima factura literaria, ya sea que se trate de artículos periodísticos, tratados de historia, crónicas de guerra o híbridos entre todo eso y literatura propiamente dicha (cuentos, novelas, ensayos, etc.)

El libro que sirve de tema central en la presente entrada es un buen ejemplo de ello.

El general de la Rovere (y otros héroes) probablemente me encontró a mí. Un hallazgo afortunado en medio de la incipiente lluvia, la monotonía del tráfico caraqueño y la mirada perdida de Lázaro Cárdenas. Una bella edición, a pesar de los rigores del tiempo, en pasta dura ilustrada, un papel que alguna vez quizás fue blanco y 158 páginas en papel bond que se mantiene intacto a pesar de los cuarenta y tres años que han pasado desde que salió de la imprenta.

Pero ¿a qué vienen estos detalles que muy probablemente le parecen superfluos, amable lector? A que las historias contenidas en El general de la Rovere… funcionan precisamente a partir de detalles cotidianos que se van magnificando con el paso del tiempo, hasta llegar a constituir parte fundamental de hechos verdaderamente trascendentales, si no para la historia de la humanidad, por lo menos sí para la de los implicados, el cual es un nivel de historia tan capital como cualquier otro.

Una de las peculiaridades de este libro es que primero fue película. En palabras del propio Montanelli: «Este pequeño libro no es sino la traducción en términos narrativos del llamado “tratamiento” sobre el cual se ha basado el guión cinematográfico». Dos de los implicados en dicho proyecto fueron nada más y nada menos que Roberto Rossellini, como director, y Vittorio de Sica, en el papel principal. (Excelente película debe ser).

Hace unos meses (más de un año, en realidad), intentaba disertar en mi tesis de maestría acerca de este poco habitual recorrido de los argumentos: de la pantalla al papel. No sé muy bien por qué, pero no resulta muy ingenioso escribir un libro a partir del argumento de una película. Puede ser que los libros se tienen por autoridades más primigenias y seculares que las películas, hijas de un arte que apenas es centenario. Pareciera como si una ley no sancionada aplicara en estos casos: la palabra escrita debe refrendar la historia antes que cualquier otro código. Claro que por la naturaleza misma del relato(-s) IndroMontanelli puede darse el lujo de obviar esta regla consuetudinaria.

Antes decía que la vida de Montanelli es rica en anécdotas y peripecias. Ignoro en este momento si existe alguna biografía suya, aunque dada la gran cantidad de crónicas que escribió, bien puede uno hacerse a una idea de una buena parte de las experiencias de su vida. No quiero extenderme en un tema que desconozco, así que lo mejor es que comente que El general de la Rovere… tiene como relato principal una de estas interesantísimas anécdotas de la vida de Montanelli.

En la Segunda Guerra Mundial, IndroMontanelli es capitán de la coalición antifascista conocida como la Resistencia Partisana, la cual hacía frente al régimen de Benito Mussolini y a sus aliados, los alemanes nazis. “Sorprendido en acto de servicio” es capturado por las tropas alemanas que tenían presencia en Italia y condenado a muerte.
Durante su tiempo de prisión, en San Vittore, conoció a Giovanni Bertone, un estafador de poca monta que se hace pasar por Fortebraccio de la Róvere, general del ejército de su majestad Víctor Manuel III, y por tanto un importante oficial de la Resistencia. Y aquí empiezan los detalles que en mí han despertado la curiosidad e interés, tanto como los que rodean la exégesis literaria acerca del rufián devenido en héroe.
El libro abre con una “Advertencia” que yo encuentro ambigua:
Este breve relato no pretende ser absolutamente verídico, aunque tenga como protagonista un personaje que ha existido realmente: el recluso Giovanni Bertone, a quien conocí en la cárcel de San Vittore, en 1944, como general De la Róvere, y que fue fusilado en Fóssoli junto a sesenta y siete detenidos más el 12 de diciembre de aquel año

Y digo ambigua porque todas las otras reseñas y críticas que he leído sobre el libro y la película parten de esta misma advertencia para ignorar la figura del “verdadero” general De la Róvere. De hecho, investigando en el siempre vasto  mundo del internet no he encontrado una referencia histórica a esta figura, pues siempre se la asocia con el libro de Montanelli y termina diluyéndose en el “De la Róvere” interpretado por Bertone. De manera que no he llegado a saber si el Fortebraccio De la Róvere es parte de la ficción de Montanelli o un importante general de la Resistencia Partisana devenido en mero personaje literario.

Quizás esto al final no tenga mucha importancia. Soy fiel defensor de que los límites de la realidad y la ficción deben mantenerse, en aras de la cordura y el orden. Pero, no puedo evitar la curiosidad acerca de la versión original de la semblanza de la que partieron el propio Montanelli, Sergio Amidei y Diego Fabbri para escribir el guión de la película de Rossellini; y la cual —la semblanza— se incluye al final del relato (o novela corta), junto a otras ocho, que uno entiende corresponden a los “otros héroes” del título (aunque algunos sean más bien antihéroes o verdaderos villanos).

La cuestión es establecer los linderos de la ficción. Es cierto que Montanelli fue condenado al fusilamiento, y también es cierto que logró evadirse. Declara en esa advertencia que Giovanni Bertone existió realmente, pero los registros sobre su “papel”, el general De la Róvere, al menos en una búsqueda rápida, parecen inexistentes…

La autoficción existe, así como la metaficción. La loca de la casa, de Rosa Montero, y Falke, de Federico Vegas, son buenos ejemplos, respectivamente. La ficción histórica que reescribe un pasado ignorado sin advertencias también existe: Seva, de Luis López Nieves, es un caso curioso que vale la pena conocer. Sin embargo, me intriga saber hasta qué punto Montanelli ha construido su propia versión de la historia, en medio de semblanzas que en su momento debieron ser publicadas como verídicas.

Montanelli nunca ha negado su tendencia a adornar la historia. De hecho, pareciera ser una de sus principales preocupaciones dejar claro de entrada que sin unas cuantas pinceladas ficticias, la historia sería un relato muy plano y aburrido. Y yo estoy de acuerdo, pero hay límites que es mejor tener claros. Cuando uno sabe que algo es ficción, ya no hay más que discutir; sin embargo, cuando hay historia de por medio, no está de más la pesquisa.

Puede que lo que realmente interese es que entre las otras semblanzas que se agregan en esta colección de relatos una de ellas está dedicada al propio Vittorio de Sica. Pero, ¿hasta qué punto está también De Sica adornado por las pinceladas de Montanelli? Eso puede llegar a intrigar cuando uno piensa en el libro como conjunto.


(Don Indro revisando su trabajo, meticuloso escultor)
(Continúa)

sábado, 6 de octubre de 2012

¿CÓMO ES SU GRACIA?, de Josefina Falcón de Ovalles (2011). (Reseña)

La siguiente reseña está contenida en el más reciente número de Contexto (18). Es un texto académico, como ha de serlo una reseña en una revista de investigación literaria, pero no es el texto que me hubiera gustado publicar aquí a propósito de esa obra. No porque lo haya hecho por compromiso o sin ganas, que no es el caso, sino porque mi descubrimiento de ese libro en el IV Festival de Lectura de Chacao, en el estand de la otrora mejor llamada Librería del Sur, fue una afortunada casualidad y mi lectura de él tuvo un carácter más íntimo y divertido que el que se trasluce en la lectura de la presente reseña. La publico entonces con dos propósitos: 1) actualizar el blog que viene descuidado y 2) con el compromiso de escribir pronto un texto más laxo en el que dé cuenta de la gratificante experiencia personal que significó para mí encontrarme con la amena exposición de la profesora Josefina.


¿CÓMO ES SU GRACIA? (TOMOS I y II)
Josefina Falcón de Ovalles (2011).
CELARG: Caracas

La lengua es un ser vivo; un organismo que cambia, envejece, se adapta y en ocasiones llega a morir. Cada sociedad en su época y espacio —de manera inconsciente, en gran medida— moldea su propia lengua, en atención a las necesidades de su entorno físico, social y cultural. Por ello, el análisis léxico de un idioma pasa necesariamente por una visita a muchos factores extralingüísticos que son a fin de cuenta los que definen el contexto en el que los hablantes hacen uso de su vehículo de comunicación. Es posible que la profesora Josefina Falcón de Ovalles haya tenido esto en cuenta cuando inició su investigación lexicográfica que el Centro de Estudios Latinoamericanos “Rómulo Gallegos” (CELARG) publicó bajo el título ¿Cómo es su gracia? Un aporte al estudio del léxico venezolano, puesto que en él las consideraciones sobre el idioma van mucho más allá de los factores lingüísticos y nos presentan una rica exploración de muchos aspectos que sirven de marco socio-cultural a los hablantes del español de Venezuela.

El texto, distribuido en dos tomos, se divide en varios capítulos, relacionados con aspectos de la vida diaria y las costumbres de emblemáticas poblaciones —en sus espacios urbanos y rurales— de Venezuela, como Barquisimeto, Valencia, Maracaibo o Caracas. Se establece los límites cronológicos de la muestra entre las primeras décadas y mediados del siglo XX, sin que por ello sean raras las continuas alusiones a referencias anteriores o posteriores a este periodo. De hecho, una característica fundamental de este estudio es su seguimiento diacrónico del uso de las voces; parte de su origen (posible o establecido), continúa con el momento de uso frecuente y termina informando sobre su situación actual.

A propósito de esta misma característica es oportuno resaltar de igual modo que subyace en la exposición del estudio un tono memorístico que recuerda las crónicas anecdóticas de las autobiografías o los diarios personales. Sin que éste sea el objetivo del libro, son evidentes los puntos de contacto que existen con estos géneros, toda vez que es innegable el rescate del pasado que se puede constatar en la revisión de actividades hoy casi desaparecidas como “el estricto ritual de cortejo de las señoritas” (Capítulo IV) o la solemnidad de las celebraciones familiares (Capítulo V). Parece que además del análisis lingüístico, la profesora Falcón de Ovalles aprovecha la ocasión para documentarnos acerca de una época radicalmente diferente a la de la generación actual, en la que un imaginario en completo “desuso” hoy día jugó un papel primordial, como es lógico, en la estructuración de nuestro léxico. Sirva de elocuente ilustración las propias palabras de la profesora Falcón de Ovalles a este respecto:
Las ventanas de la sala, por lo general más de una, carecían de romanilla. Y la razón se debía a la costumbre criolla de abrirlas por las tardes, a fin de que las jóvenes y las no jóvenes, vestidas y acicaladas, se sentaran a disfrutar del aire fresco, a ver y a que las vieran. En otras palabras, “ventearse un poco y exhibirse otro tanto” (2011:26).

De este pasaje también es posible rescatar otro aspecto del libro: el estilo ligero, didáctico y jocoso. La profesora Josefina ha ejercido la docencia durante toda su vida, y lo ha hecho además en todos los niveles de la educación. Con una experiencia tan vasta en el campo de la enseñanza no debe extrañarnos que uno de sus principales objetivos durante la exposición sea una comunicación clara y directa con los potenciales lectores. De esta manera, el libro alcanza un rango de interés entre el público mucho más amplio (jóvenes que se acercan a conocer, adultos y mayores que se acercan a recordar), puesto que logra una armonía placentera en todos los aspectos y propósitos que hemos señalado. Se trata de un estudio lexicográfico en clave de memoria que presenta en forma fr:esca un acercamiento al idioma a través de un estilo ameno:
Estas palabras “dominó” y “pierrot”, tan oídas y familiares para las personas de aquellas lejanas épocas, se desvanecieron con el tiempo a la par de sus personajes. Se fueron igual que las fiestas carnavalescas. La misma suerte han tenido tal vez aquellas voces, específicas de cada región venezolana, con que niños y jovencitos manifestaban su petición de juguetes y caramelos a las carrozas que recorrían las calles, en donde se jugaba el carnaval … Nos informa una amiga oriental, Ligia de Sánchez Landaeta, que cuando la petición infantil no era respondida favorablemente, la venganza se traducía con el grito unánime de “¡Pichicato…! ¡Pichicato!”, palabra que en el habla margariteña y carupanera equivale a “tacaño”, “pichirre” o “lechero”. ¡Y bien merecida la tenían! (2011:216-217).

Como cierre, quizás debamos informar en esta reseña sobre este magnífico libro, como dato laudatorio de la autora y que tiene repercusión en la calidad de su obra, que siendo la profesora Josefina miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua, el vastísimo material de referencia que usa como corpus de su estudio nos permitirá además acercarnos a un importante número de nombres y obras de la tradición literaria de nuestro país, que constituyen el refugio de muchísimos términos, expresiones y costumbres que de otra manera también se habrían perdido para siempre. Es así finalmente que podemos hacernos una idea del gran aporte de este texto al estudio del español de Venezuela y al rescate de la memoria de buena parte de nuestras tradiciones populares.