jueves, 21 de junio de 2012
RESEÑA
lunes, 18 de junio de 2012
CARLOS FUENTES Y "EL ESPEJO ENTERRADO"
martes, 15 de mayo de 2012
SE AUSENTA OTRO GRANDE: CARLOS FUENTES HA MUERTO
lunes, 31 de octubre de 2011
LA HISTORIA DESDE EL CAPRICHOO LOS CAPRICHOS DE LA HISTORIA.
Rubén Darío Jaimes (2011).
Fondo Editorial Ipasme
El primer capítulo del libro es un acercamiento a la historia de Puerto Rico, como estrategia para familiarizar al lector con el área de estudio. Cabe destacar que esta aproximación no es simplemente un recuento de los acontecimientos más importantes, sino un análisis de los factores económicos, políticos y sociales que prefiguraron a Puerto Rico como país y que desembocan en su presente situación política y cultural.
Las complejas relaciones de poder entre amos y esclavos en el sistema de plantación, así como la tensión social entre las clases blancas y la descendencia mulata que poco a poco cobró fuerza como estamento social sirven de eje al profesor Jaimes para marcar un punto de partida sociológico para interpretar las factores fundacionales de la cultura popular puertorriqueña y su identidad como colectivo.
Del mismo modo, hay una oportuna mención a los registros que sirvieron para representar este complejo proceso histórico, resaltando tanto las crónicas y la pintura como los diarios y la propia literatura, con lo cual se dibuja un amplio espectro de perspectivas que al final se combinan para dar forma a dos historias paralelas, una oficial y hegemónica, la otra popular y cimarrona, que sirven de punto de partida e inspiración a la obra de Rodríguez Juliá.
Presentados estos elementos, el profesor Jaimes nos adentra en tres novelas de Rodríguez Juliá que permiten ver las claves de su escritura y la importancia que cobran en el proceso literario y cultural de la isla caribeña. Se trata de un estudio concienzudo en el cual el profesor Jaimes rastrea las causas y características de un síntoma presente en gran parte de las Antillas: la necesidad de reescribir, a través de la ficción, una historia nacional negada por las voces oficiales.
A partir de los enfoques desarrollados por reconocidos investigadores, tales como María Julia Daroqui, Antonio Benítez Rojo, Néstor García Canclini, Seymour Menton o el propio Mijaíl Bajtín, La historia desde el capricho… se estructura desde la óptica de los estudios culturales para revelar ante nosotros el uso por parte de Rodríguez Juliá de estrategias narrativas que abarcan registros sociales y artísticos: la heteroglosia y la carnavalización, verbigracia, en su propósito de rescatar voces silenciadas, pero que en realidad siguen poblando el rico imaginario de la cultura caribeña contemporánea.
Este recorrido por la obra de Rodríguez Juliá conlleva al análisis obligatorio de la crónica como hipertexto de la historia ficcional de las novelas estudiadas. Se trata sin duda de uno de los aspectos más interesantes, tanto de las novelas como del libro aquí reseñado. El autor puertorriqueño aprovecha la naturaleza creativa de la crónica de Indias para insertar en el espacio vacío de la historia oficial su propia versión, mimetizando el discurso con el de los propios cronistas de la corona. Por ello, La renuncia del héroe Baltasar (1974), La noche oscura del niño Avilés (1984) y El camino de Yyaloide (1994) escriben una nueva historia vieja valiéndose de los mismos recursos con los que contaron los escritores reales del siglo XVIII: el deber de registrar los acontecimientos valiosos para la “historia” y la autoridad para presentarlos como fidedignos.
La conclusión del profesor Jaimes es que las obras de Rodríguez Juliá se inscriben en lo que Seymour Menton catalogó como la Nueva Novela Histórica, pero agrega además −entre líneas− que la intención del escritor puertorriqueño, al igual que otros autores de su generación y estilo, supera la propia intención de reescribir la historia oficial o desenmarcarla para plantearse como objetivo artístico la escritura original de la historia no contada, llegando para ello hasta una memoria mítica que aún pervive en las raíces culturales del cimarrón que es Puerto Rico.
Como todos los escritos del profesor Rubén Darío Jaimes, La historia desde el capricho… se presenta bajo un discurso ameno y accesible, bien estructurado y adecuado para el debate. Es un acierto del Fondo Editorial Ipasme presentarlo como parte de su colección “Pensamiento crítico/Luis Beltrán Prieto”, ya que más que ser un análisis literario este libro se plantea como estudio artístico y sociológico del riquísimo espacio cultural que es el Caribe, en el que el proceso de autodescubrimiento se erige hoy más que nunca como una necesidad vital de sus pueblos.
sábado, 30 de julio de 2011

XXXIV Simposio de docentes e investigadores de la literatura venezolana
Objetivo
Crear un espacio de reflexión y diálogo que permita conocer los avances y las perspectivas de la investigación y la docencia universitarias respecto a la enseñanza y la creación literaria en Venezuela. Por ello, se proponen algunos temas problemáticos a partir de los cuales se organizan las conferencias centrales, las mesas de trabajo y la presentación de las ponencias.
Objetivos específicos
1. Explorar los vínculos existentes entre la docencia y la investigación con el acto de la creación literaria y de su evolución histórica de modo que se manifieste el estado actual y la marcha del trabajo de investigadores, profesores, estudiantes y lectores en el país.
2. Establecer vínculos académicos e investigativos en torno a la creación literaria nacional e internacional con grupos, universidades, o investigadores independientes.
3. Ampliar las perspectivas teóricas en torno a los procesos de creación que vinculan la historia y la literatura. 4. Difundir las investigaciones y metodologías en literatura venezolana y propiciar la interacción entre los profesores e investigadores de la literatura venezolana.
El Simposio
El Primer Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana se celebró en la Casa de Bello, en Caracas, en 1975, con el auspicio del Instituto Pedagógico de Caracas. Pedro Díaz Seijas, Igor Delgado Senior, Iraset Páez Urdaneta, Salvador Tenreiro, entre otros nombres, disertaron sobre autores venezolanos como Meneses, Enrique Bernardo Núñez, y latinoamericanos como Rulfo, Cortázar, Carlos Fuentes.
Han sido 33 ediciones a lo largo de todos estos años, contando desde esa primera vez; pese a no haberse celebrado, en unas ocasiones, muy pocas realmente, el Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana ha tenido una continuidad de la que no gozan muchos congresos en Venezuela.
El Simposio ha recorrido el país, geográficamente (se ha celebrado en varias ciudades: Mérida, Maracaibo, Cumaná, Coro) y literariamente: los géneros y subgéneros, las más variadas temáticas, y una amplísima diversidad de autores, han sido abordados en las ponencias y conferencias dictados por especialistas.
Todas estas ocasiones, vale decir, todos estos encuentros, se han configurado alrededor de una idea que fuera recogida en las consideraciones previas a las recomendaciones específicas emanadas en ocasión del primer encuentro:
Entendemos la literatura nacional como parte importante del patrimonio cultural e inalienable de un pueblo…
Así, pues, no se trata solamente de un encuentro de especialistas y para especialistas en literatura, aunque los que diserten hablen con conocimiento de causa. Se trata, más bien, de un espacio en el que la literatura se entiende como lo que es: parte integrante de una tradición cultural. Además de lo cual, se debe señalar que otras manifestaciones se hacen también presentes durante el desarrollo de esta fiesta de la palabra.
Arribamos a la trigésimo cuarta edición, en este año 2011. El Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana llega por primera vez al estado Yaracuy y es la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy la institución a la que le corresponde tomar el testigo de esta larga trayectoria. Ocasión ésta que será propicia para rendir un homenaje al poeta Manuel Rodríguez Cárdenas, poeta de la negritud y del pueblo, quien está próximo a su centenario.
Convocatoria
16, 17 y 18 de noviembre de 2011
Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY)
San Felipe. Estado Yaracuy. Venezuela
Con la participación de los conferencistas Gustavo Luis Carrera, Edgar Colmenares del Valle, Freddy Castillo Castellanos y Cruz Ramón Galíndez.
Primera convocatoria:
Entre el 16 y el 18 de noviembre de 2011 se realizará el XXXIV Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana, auspiciado por la Universidad Nacional Experimental de Yaracuy (UNEY).
A los fines de la realización del evento, se invita a docentes, investigadores y estudiantes de pre y postgrado interesados en la literatura venezolana a proponer ponencias, mesas de trabajo o cualquier otra actividad que consideren pertinente, en las siguientes líneas de investigación:
La literatura venezolana y su dimensión histórica: Cronistas: primeras señales. Siglo XVIII: fundamentos literarios. Siglo XIX: eclosión, ruta hacia lo nacional. Fundaciones y refundaciones: imágenes y derivas de lo nacional.
Proyecciones hacia el siglo XXI: Perspectivas manifiestas. Prospectivas y señales de una(s) posibilidad(es). El Imaginario venezolano entre la realidad y la posibilidad.
Literatura y construcción de identidades: Tradición, oralidad e indigenismo. Unidad y diversidad cultural. Incertidumbre y arraigo, alteridades y semejanzas. Paisaje, cultura, gastronomía, turismo y otros temas inherentes.
Letras yaracuyanas: Autores y obras de la región. Yaracuy en la literatura. Procesos, grupos, movimientos. Fray Juan Antonio Navarrete, Gilberto Antolínez, Rafael Clemente Arráiz, Pálmenes Yarza, Juan Ángel Mogollón, José Parra, Rafael Zárraga, entre otros.
Lenguaje, escritura y enseñanza: Lingüística y creación literaria. Aplicaciones docentes. Docencia e investigación de la literatura, experiencias y problemas en el área.
La novela política en Venezuela: Caracterización del subgénero. Proceso evolutivo. Autores y obras.
Arte, diseño y literatura en Venezuela: su relación teórica e histórica. Confluencias y diversificaciones. Medios audiovisuales y literatura: vínculos, adaptaciones, préstamos.
El destino de la literatura frente a la cibercultura: ¿Anulación, supervivencia o complementación? Crisis o ampliación y nuevo desarrollo. Impactos formales y temáticos.
Andrés Bello y la literatura venezolana e hispanoamericana del siglo XIX: Los estudios bellistas de Oscar Sambrano Urdaneta. Relecturas de Bello.
La fecha límite para el envío de resúmenes, así como para las propuestas de mesas de trabajo, se vencerá el 30 de septiembre de 2011.
[Más información: http://www.uney.edu.ve/simposio/principal.html]
miércoles, 11 de mayo de 2011
LAS MUJERES DE CERVANTES, DEL QUIJOTE, DE HOY
Son muchas las apreciaciones que acerca de la mujer se han hecho dentro de los estudios literarios. Muchas obras clásicas han plasmado en sus páginas estereotipos de mujeres que deslindan entre el bien y el mal, lo moral y lo inmoral, lo idealizado, lo escatológico y terrenal.
Tales adjetivaciones se presentan de manera muy diversa en la siempre inagotable Don Quijote de la Mancha, pues Cervantes nos muestra todo un repertorio de personajes femeninos que representan las diversas concepciones de la mujer de la época renacentista. Por tanto, la intención de estas palabras es hacer una reflexión general, sin pretensiones tajantes de agotar el tema, acerca de algunos personajes femeninos presentes en la obra como la eterna Dulcinea, Maritornes, Marcela, Aldonza Lorenzo… quienes reflejan el sentir y hacer de las mujeres de esa época, y por qué no, de la actual. En ello radica justamente la inmortalidad de esta obra: en su eterna vigencia. Esas mujeres analfabetas, incultas, prostituidas por la pobreza, afeadas por las calamidades y los infortunios, pero también cultas, independientes, castas… continúan siendo, en muchos sentidos, los tipos de mujer de nuestra era.
Comencemos hablando de Dulcinea del Toboso, la ideal, la amada de Don Quijote en contraste con Aldonza Lorenzo, la real, la campesina, la imperfecta. Es innegable la intención de esta dualidad representada en una sola mujer. Estaría de más caer en detalles innecesarios en cuanto a la representación de las mismas en el ideal caballeresco parodiado. La primera, por supuesto, representativa de una mujer etérea, inexistente, puesto que sus cualidades tanto físicas como morales distan de la realidad tangible; por su parte, Aldonza Lorenzo, la mujer común de los pueblos españoles, analfabeta, maloliente por el arduo trabajo tanto en las labores del hogar como del campo. Dos mujeres en una: dos visiones del mundo distintas, la primera sucumbe en la segunda, la realidad del español ha cambiado, por tanto, no hay posibilidades quiméricas en cuanto a la visión de una Dulcinea: ésta se diluye, pues no tiene cabida en esa realidad.
Don Quijote describe a Dulcinea cuando Vivaldo, para seguirle el juego al notar su desvarío, le pregunta por su amada, a lo que éste contesta:
Su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso: un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabello son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos azules, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve… (p. 81)
Por su parte, Aldonza Lorenzo, es descrita por Sancho Panza, cuando Don Quijote le confiesa quién es verdaderamente su amada Dulcinea. Sancho, sorprendido, le contesta lo siguiente:
- ¡Ta, ta! –dijo Sancho-. ¿Qué la hija de Lorenzo Corchuelo es la señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo?
- Ésa es –dijo don Quijote-, y es la que merece ser señora de todo el Universo.
- Bien la conozco –dijo Sancho- y sé decir que tira tan bien una barra como el más forzudo zagal de todo el pueblo. ¡Vive el Dador, que es moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del lodo a cualquier caballero andante, o por andar, que la tuviere por señora! ¡Oh, hideputa, qué rejo que tiene, y qué voz! (…) Y lo mejor que tienes es que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana (…) Ahora digo, señor Caballero de la Triste Figura, que no solamente puede y debe vuestra merced hacer locuras por ella, sino que con justo título puede desesperarse y ahorcarse (…) Y querría ya verme en camino, sólo por vella; que ha muchos días que no la veo, y debe de estar ya trocada; porque gasta mucho la faz de las mujeres andar siempre al campo, al sol y al aire. (p. 173)
Sin embargo, y pese a la forma burlona y jocosa con que Sancho describe a Aldonza, éste reconoce que es digna de ser admirada tanto por su fuerza como por su atractivo, y justifica que su mal estado es causa del fuerte trabajo que acarrea las labores de campo. Es significativo como Cervantes intenta reivindicar la figura de Aldonza con las palabras de Sancho, pero a su vez, se percibe un dejo de decepción, como resistiéndose a aceptarla.
Por otra parte, la historia entre la pastora Marcela y Grisóstomo es pertinente mencionarla en cuanto a la otra mirada femenina que nos muestra. Cervantes pone en boca de los personajes que se hacen presentes en este capítulo una desazón y rechazo hacia Marcela por haber desdeñado los requerimientos amorosos de Grisóstomo, quien se suicida por amor. Incluso, uno de los personajes, Vivaldo, sugiere a Ambrosio, amigo del pastor, que no queme sus escritos para que así perdure en los mismos la maldad de esta mujer. Hasta esta parte del relato el lector se siente inclinado hacia el pastor suicida, puesto que es descrito como un ser moral y físicamente hermoso.
Sin embargo, cuando Marcela hace su aparición, luego de ser leído el poema que escribe Grisóstomo antes de morir, la inclinación cambia, ya que ésta increpa a los asistentes, entre ellos Don Quijote, y se defiende con un discurso de tal carga feminista, que podría decirse que es una de las primeras manifestaciones escritas en defensa de la mujer dentro de la lengua castellana, y que resarce la connotación misógina que se le pueda atribuir a Cervantes, por la construcción de otros personajes femeninos como las mozas de las ventas, la misma Aldonza Lorenzo, entre otras.
Amonesta Marcela a los presentes en el entierro de la siguiente forma:
Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama (p. 88)
Es clara la relación intrínseca entre el concepto de belleza y la moralidad del sujeto en este fragmento.
En el siguiente nos revela su condición de mujer libre y su total inocencia ante la muerte del pastor:
Y así como la víbora no merece ser juzgada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reheprendida por ser hermosa…Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos…A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras…Quéjese el engañado; desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas; confiese el que yo llamare; ufánase el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquél a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito (p.89)
Por otra parte, vuelve su “yo” a hacerse emergente, reafirmando su decisión de ser mujer sola, sin necesidad de compañía y sus pocas ganas de hacer vida marital:
Yo, como sabéis, tengo riquezas propias y no codicio las ajenas; tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a ése, ni solicito a áquel, ni burlo con uno, ni me entretengo con el otro. (p.90)
Tal cual Artemisa se nos presenta Marcela: pastora, hermosa, virginal, con ansias de soledad, independiente… Por supuesto, una figura femenina transgresora, quien desde su Yo, desmonta la imagen de la mujer en cuanto a los roles sociales se refiere.
Vemos cómo Cervantes la ensalza, la sustrae de los alegatos masculinos infundados por la mirada patriarcal y, tal cual diosa virginal, aparece derrochando inteligencia y desaparece igual de triunfante y laureada. Sin embargo, he de destacar que para la visión de la sociedad renacentista una mujer como Marcela sólo podía ser valorada desde una perspectiva divina, como una deidad, incluso, la forma en que hace su aparición en el entierro, desde lo alto de la colina, le da esa aura de beatitud y dignidad solo posible en un ser supremo: hermosa, sabia, poderosa, casta… Si se detalla con detenimiento, sólo estas cualidades reunidas en una mujer podrían justificar la independencia económica y el libre albedrío de la misma. Sin embargo, la misma Marcela alega que la única opción que tuvo para vivir a sus anchas fue la de internarse en la soledad de las praderas. Situación que recuerda muy cercanamente a nuestra Sor Juana Inés de la Cruz, quien tuvo que ingresar al convento para huir del matrimonio y de las obligaciones propias de una mujer, y así lograr tiempo para el estudio y la reflexión.
Pareciera deducirse que para Cervantes y la Europa de la época el concepto de bondad iba muy ligado al de la belleza física o, en otras palabras, el buen portar de una dama iba en constraste con su aspecto físico y su posición social. Y quien mejor para ejemplificar este comentario que el personaje Maritornes, moza de la venta a la cual llega Don Quijote y que éste pensaba era un castillo. Desde las primeras páginas del capítulo la describen así:
Servía en la venta asimismo una moza asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta y del otro no muy sana… no tenía siete palmos de los pies a la cabeza, y las espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo más de lo que ella quisiera (p.97)
Notamos claramente que es la descripción física de una mujer nada agraciada y que dista de ser comparada con lo que el autor señala de Marcela. Líneas más adelante, esta moza penetra en el aposento donde descansaban Don Quijote, Sancho y un arriero, y con este último aquella había concertado verse, pero entre la penumbra, la fugitiva va a parar a los brazos de Don Quijote, quien en su desvarío piensa que es una hermosa doncella. Al respecto dice Cervantes de este ocurrente escenario: “Y era tanta la ceguedad del pobre hidalgo, que el tacto, ni el aliento, ni otras cosas que traía en sí la buena doncella, no le desengañaban, las cuales pudieran hacer vomitar a otro que no fuera arriero; antes le parecía que tenía entre sus brazos a la diosa de la hermosura” (p. 100)
La descripción física de Maritornes, nada agraciada evidentemente, corresponde a una determinada actitud moral: el deseo carnal ilícito. El autor afea la imagen de este personaje, hasta manifiesta de forma abyecta su aseo personal, lo que produce que el lector, pese a la jocosidad de la situación, se proyecte una concepción del personaje poco simpática; a diferencia de Marcela, quien es admirada por el lector tanto por su belleza física como por su prudencia y sabiduría.
Finalmente, Aldonzas malolientes y rústicas; Dulcineas siliconadas y forjadas por las manos del bisturí y de los celuloides; Maritornes poco escrupulosas, deslucidas, cegadas por la pasión, pero de gran corazón; Marcelas independientes, con ansias de libertad, forjadoras de su propia voz, solas o acompañadas, hermosas o poco agraciadas… a todas nos las topamos día a día, de todas tenemos algo en común, en todas ellas logramos mirarnos y reconocernos.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS



